Di sí a la masturbación

Sílvia Catalán Sexóloga

Voy tarde, lo sé. En este mundo de internet lo que está de moda ahora, de aquí a cinco minutos habrá sido sustituido por alguna otra noticia-bomba, desnudo-robado, chiste-fuera-de-lugar-del-famoso-de-turno, o cualquier otra cosa.

Pero ante el artículo que llenó el espacio internáutico yo no podía quedarme callada.

¿Cómo se evita la masturbación?

Así se titula el artículo (podéis leerlo íntegro clickando en el enlace) que me llegó directamente como por 4 o 5 vías diferentes: familiares, amigos, pacientes… todos alterados por un escrito, a mi entender, panfletario y alarmista.

Pero es que realmente no tiene desperdicio. Desde la primera palabra a la última. Lo he leído un par de veces para poder comprobar que sí, que realmente dice tal cual lo que quiere decir. Y es que, señores y señoras, esa forma de entender la sexualidad forma parte de un tanto por ciento nada desdeñable de las personas que habitan este santo (nunca mejor dicho) país.

Y claro, ellos, en su voluntad de hacernos entender a los demás la razón que tienen y lo equivocados que estamos, pues se dedican a dar rienda suelta a sus teorías, ideas y paranoias diversas en periódicos que, bien mirado, tampoco es que escondan demasiado sus ideas y tendencias.

Y es que, en realidad, esta sección del ABC llamada “Aula de Sexualidad” no es nueva, lleva ya un tiempo intentando convencer a los que ya están convencidos de que el sexo es poco menos que perjudicial para la salud. Para muestra, no os perdáis artículos como:

Esto son solo algunos ejemplos, pero hay más, os invito a tomaros con calma la lectura, no sea que os salga una úlcera.

Bien, pues ahí va mi réplica al artículo de la masturbación del que hoy casi todo el mundo ha oído hablar (y unos cuantos ya han olvidado, absortos en algún otro escándalo).

La masturbación

Lo primero es tener claro por qué la masturbación no es ni buena ni necesaria para la salud.

Así empieza el artículo. Claro y conciso. Bien, empecemos.

El término masturbación parece ser que proviene del latín “manus” (es decir, mano) y “turbare” (es decir, excitar o alterar). Por lo tanto, en una acepción pura del término, masturbar vendría a ser excitarse con la mano. Nada que no supiéramos, ¿no?

La confusión creo que proviene del término “excitar”. Bien, vamos a por la definición de diccionario:

excitar v. tr.
1   Hacer que una persona se ponga nerviosa, se inquiete o desee vivamente algo
2   Hacer que un sentimiento, estado del ánimo o actividad se intensifiquen o se produzcan
3   Activar la secreción de un órgano

En esta definición, como vemos no hay nada que indique algo sexual. La excitación puede ser producida por un estímulo sexual, claro, pero también sentimos una cierta excitación cuando estornudamos y sentimos aquél momento de placer intenso, o cuando somos pequeños y no podemos dormir porque vienen los reyes magos.

Todos esos estados producen excitación, producen placer. Y eso es lo que es la masturbación, producirse placer a uno mismo. ¿Cómo? Pues sí, claro, puede ser acariciándose el pene o la vagina, pero también podríamos hablar de masturbación cuando uno se rasca la nariz, o cuando deja que le rasquen la espalda. La finalidad es la misma: conseguir placer.

Ya, no es técnicamente lo mismo. Lo sé. Pero fijáos que es una cuestión de tabués y educación, ¿por qué es lícito que me de placer dándome un masaje a mi mismo en los pies y, en cambio, no lo es tanto que acaricie mi vagina y tenga un orgasmo? Ahí lo dejo para la reflexión de quien esté leyendo esto.

“Consejos para evitar la masturbación”

Estos son los consejos (con frases literales) que aparecen en el artículo. Podéis comprobarlo vosotros mismos.

1) Protégete de la agresión comercial del erotismo ambiental con filtros en el ordenador, instalando también el ordenador en un lugar visible de tu casa como la sala de estar, (…), etc. También ten cuidado con las series de televisión. Hay estudios que muestran cómo ciertas series pueden erotizar a los adolescentes aunque no tengan contenido sexual explícito porque contribuyen a que la sexualidad acabe siendo más central en tu vida de lo que debiera ser a tu edad.

Vamos por partes. Lo que estos señores le están pidiendo aquí, al confiado lector, es que se vaya a vivir a una cueva en medio de la montaña cual ermitaño.

Porque seamos sinceros, ¿qué áreas de nuestra vida no están influenciadas por el “erotismo ambiental” (por cierto, me encanta esta expresión)?

Sí, claro, el ordenador es una fuente de contenido erótico y pornográfico enorme, es cierto que personas de todas las edades están expuestos diariamente a una gran cantidad de contenido erótico lo quieran ellos o no. Pero ¿qué pasa cuando vas al quiosco a comprar una revista de, pongamos por caso, coches?

  1. Entras al quiosco y la vista se te va a la sección de revistas eróticas. Ya te ha atrapado el erotismo ambiental.
  2. Desvías la mirada y te pones a ojear las revistas de coches. Abres una al azar por cualquier página y ahí la tienes, una chica despampanante dentro del coche de tus sueños. Listo, erotismo ambiental otra vez.
  3. Cierras la revista y decides coger una de, qué se yo, bricolaje. La ojeas, y lo mismo, las chicas que salen te parecen completamente sugerentes. Otra vez el maldito erotismo ambiental.
  4. Decides comprar un periódico, el ABC, que es decoroso y ahí seguro que no te asalta el erotismo ambiental. ¿Seguro? Bueno, yo para la reflexión os dejo una captura de pantalla de la edición digital del ABC de hoy mismo. Juzguen ustedes mismos. Sí, ahí, a su derecha. Bien.

Sílvia Catalán Sexóloga

En definitiva, el “erotismo ambiental” está en todos sitios. Mires donde mires. Y no estoy diciendo que esté a favor, simplemente digo que es un hecho que no va a cambiar por mucho que le pongas filtros a tu ordenador y que, por otro lado, tampoco está obligándote a masturbarte.

Por otro lado, señores del ABC, cuando puedan, ponen ustedes un enlace o una mención a los “estudios que demuestran cómo ciertas series pueden erotizar a los adolescentes” y cuál es la edad exacta a la que una persona puede empezar a erotizarse. Gracias.

2) Adopta un estilo de vida saludable. Cuida tu cuerpo (…). Practica un deporte (…); te sentirás mejor con tu cuerpo, lo aceptarás con más facilidad y podrás canalizar mejor la energía sexual naciente que tienes como adolescente. El deporte te ayudará a crecer en fuerza de voluntad, espíritu de sacrificio y afán de superación al tiempo que mejorará tu salud psicológica (…). Además te ayuda a llenar las horas de ocio de una manera saludable y puedes encontrar buenos amigos/as con quienes compartir algo sano.

Directamente es que esto no lo entiendo. Que alguien me lo explique. ¿Vendría a ser la cosa que si me cuido el cuerpo no tendré ganas de masturbarme? ¿De verdad?

Más bien es al revés, queridos. Si nos cuidamos el cuerpo, nos sentimos mejor con nosotros mismos, nos aceptamos con más facilidad y, por lo tanto, tenemos más ganas de pasarlo bien. No sé si nos entendemos.

Pero bueno, habla de la “fuerza de voluntad” y del “espíritu de sacrificio”. O sea que no masturbarse es un sacrificio. Ya, bueno, en su idioma sacrificio=bueno. En el mío sacrificio=malo. Fuerza de voluntad, sí, pero sacrificio no. Y sí, hay diferencias.

¡Ah! Y digo yo, ¿si encontramos “buenos amigos/as con quienes compartir algo sano”, no estaremos poniéndonos en peligro del “erotismo ambiental”?

3) Ocupa tu tiempo libre de manera constructiva. Puedes mejorar tu cultura y formación y buscar, junto con tus amistades, la respuesta a los problemas bioéticos que se plantean hoy en día como el aborto, la clonación, la eutanasia o la responsabilidad que tenemos todos ante el hambre en el mundo. (…). Los jóvenes que pasan tardes enteras en centros comerciales acaban “buscando pareja” para pasar el rato. Los “rollos de una tarde” no te preparan para el amor,  más bien,  te predisponen para compensaciones como la masturbación.

Al llegar a este punto a mi ya me da la risa del todo, la verdad. Léanse atentamente las sugerencias sobre las cuales hablar con tus “amistades” (aquellas que no te inducen al “erotismo ambiental”, recordémoslo). Problemas bioéticos. Claro, lo típico de lo que hablas con tus amigos cuando tienes 15 años (recordemos que la sección va dirigida a adolescentes).

Y, por otro lado, para hablar del aborto, debes hablar también de la concepción. Y por lo tanto de las relaciones sexuales. Y, por lo tanto, ya estás de nuevo metido en el “erotismo ambiental”.

Pero ojo con el concepto “centro comercial como antro de perversión”. A mi me encanta. De verdad. Si os podéis aguantar la risa con esto, yo de verdad que os doy un premio. No sé si es que han puesto “centros comerciales” cuando querían poner “discotecas” por aquello de no dar ideas…

La frase clave es la última. Es tan clave, tan absurda y tan… tan, que no la voy ni a comentar. Leedla un par de veces y reflexionad vosotros. Y luego me contáis.

4) Construye un grupo de amigos/as sano. (…) hay grupos que no ayudan a madurar, que no suelen juntarse para nada en específico, salvo para “compartir frustraciones” o quejarse de sus padres y educadores (por lo que recurren a actividades de “relleno” como perder el tiempo en los centros comerciales o consumir alcohol). Son grupos con un líder dominante que tienden a asfixiar a sus miembros.

Básicamente, no te quejes de tus padres ni de tus educadores. No compartas tus frustraciones. Si estás mal, no te quejes con tus amigos, si lo haces corres el peligro de que tu grupo de amigos te lleve a un centro comercial y… bueno, a saber qué puede pasar.

En definitiva, masturbarse es sano, divertido, gratis y gratificante

No se te van a caer los dientes ni el pelo. No vas a volverte adicto o adicta al sexo. No vas a ser menos inteligente que los que no lo hacen (pero tampoco más listo). No vas a perder energía ni a quedarte estéril. No vas a convertirte en un pervertido ni en un enfermo.

Mastúrbate. Todo lo que quieras. Cuando quieras (en la intimidad, claro, no vayamos a sacar las cosas de contexto ahora) y por la razón que quieras.

Y si no quieres masturbarte, no te masturbes. Estás en tu derecho, sólo faltaría. Pero no mires mal al que lo hace, no está haciendo nada malo.

Sólo añadiré una cosa más: si el cuerpo humano está diseñado así, ¿quiénes somos nosotros para no aprovecharlo al máximo?