Pastillas mágicas que curan todo

antidepresivos

Fuente: Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios

Hace unos días leía que el consumo de antidepresivos en España ha aumentado un 200% entre el año 2.000 y el 2.013. Un 200%. Una barbaridad.

Muchos lo justifican diciendo que, precisamente en estos 13 años, España se ha sumido en una crisis que ha llevado a aumentar los casos de depresión en la población. No lo dudo.

De hecho lo veo a menudo en consulta, hombres y mujeres que tenían hace unos años una seguridad que les daba protección, y que de repente y gracias a la crisis económica, han sufrido una devastadora inseguridad.

Pero, ¿este incremento en la receta de pastillas es realmente necesario?

Las “pastillas mágicas”

Vivimos en una sociedad medicalizada.

Y ahora voy a hacer un aparte, para explicaros que, en principio, estoy a favor de las medicaciones. Considero que los antidepresivos, así como otras medicaciones psiquiátricas y de cualquier otro tipo, ayudan en muchísimas ocasiones a que las personas se encuentren mejor. A que vivan más tranquilas y, en algunos casos, a sanarse y a que su enfermedad remita.

Por lo tanto, no soy una “anti-fármacos”. Pero sí que considero que debemos ser más cuidadosos a la hora de administrárnoslos. Y los médicos, que son los únicos que pueden recetar, deberían ser también más conscientes de que hay cosas que las pastillas por si solas no solucionan.

pastillas mágicasComo decía, vivimos en una sociedad medicalizada. Nos hemos acomodado a tener una pastilla o un fármaco que resuelva nuestro malestar. ¿Me duele un poco la cabeza? Un ibuprofeno o una aspirina. ¿Tengo dolor menstrual? Un ibuprofeno. ¿Parece que me estoy acatarrando? Un antigripal de prevención.

Actualmente tenemos pastillas para casi todo, ya sean farmacológicas o homeopáticas (no voy a entrar ahora en el tema de la homeopatía, lo dejo para otro momento). La necesidad de la inmediatez, solucionarlo todo fácil, rápido y ya mismo.

El caso es que cuando nos enfrentamos a un malestar que no es tan físico, creemos que la solución también está en las pastillas.

Caso real: Maite tiene 32 años. Hace tres semanas que lo dejó con su pareja, después de 5 años de convivencia. Fue ella la que decidió terminar la relación, pero desde entonces siente nervios y unas ligeras taquicardias a la hora de dormir y durante el día llora en algunas ocasiones. Va al médico de familia, le comenta los síntomas, y el médico le receta Prozac: “ya verás como en unas semanas te sentirás mejor”.

Maite, que en realidad había ido al médico para pedirle una derivación al servicio de psicología de la Seguridad Social, se fue de la consulta con la idea de que unas pastillas solucionarían su dolor.

Las “pastillas mágicas” atacan el síntoma

Maite estuvo tomando Prozac durante un mes. Al principio no notó nada, los síntomas seguían con ella, exactamente igual. Pero poco a poco, estos nervios y taquicardias fueron desapareciendo y podía dormir tranquila, sin temor a estar durante una hora dando vueltas en la cama antes de conciliar el sueño.

Pero esa “tranquilidad” también la arrastraba durante el día. Se sentía todo el día cansada, somnolienta, y algo débil. Esto la hacía sentirse poco eficaz en el trabajo y eso le producía una cierta sensación de descontrol.

Además, seguía dándole vueltas a la cabeza sobre si la decisión que había tomado de dejar a su pareja, a los 32 años, era la más acertada.

En estas llegó a consulta. En un momento dado decidió que había algo más que las pastillas no conseguían atacar, que a pesar de que se sentía un poco mejor en cuanto a los síntomas principales, había algo que la inquietaba “tengo algo en el cerebro que no me deja pensar con claridad, y no sé qué es”. Estas fueron sus palabras.

Después de escucharla atentamente le expliqué la situación.

Las pastillas, en este caso el antidepresivo que te recetó el médico de familia, atacan al síntoma, pero no van a sanar la base. Dijéramos que te duele la cabeza. Vas al médico y te dice que te tomes un ibuprofeno cada 8h. Por supuesto el dolor de cabeza remite durante 3 o 4 horas. Pero luego vuelve a surgir. El ibuprofeno ataca al síntoma. Pero si ese dolor de cabeza está provocado por una contractura cervical, por ejemplo, no te va a servir de mucho tomarte ese ibuprofeno, si no vas a un fisioterapeuta a que trabaje en la raíz del problema.

Las “pastillas mágicas” ayudan, pero no son la solución

Cuando Maite hubo comprendido que las pastillas que estaba tomando eran solo un parche, se decidió a suprimirlas. Yo le recomendé que antes de hacer una retirada drástica, lo mejor sería que consultáramos con el psiquiatra de referencia y él le guiara en la retirada de las pastillas, para evitarnos un posible efecto rebote.

Entonces empezamos las sesiones de terapia. Estuvimos un tiempo hablando de cómo se sentía con respecto a la relación que había acabado, cuáles eran sus expectativas vitales y cómo esa ruptura había cambiado los esquemas de vida que tenía desde que era una adolescente.

Ambas coincidimos en que después de una ruptura lo más habitual es sentirse triste o ansioso durante un tiempo. El cuerpo y la mente se tienen que habituar a no tener a aquella persona conviviendo contigo, a no tener su soporte diario, a una cierta sensación de soledad.

En el caso de Maite yo no hubiera recomendado en ningún caso las pastillas, ya que una ruptura de pareja conlleva necesariamente un “duelo” que hay que pasar, y que es sano que se pase y se procese de forma normal, sin tener una medicación de apoyo.

Por supuesto, hay casos en los que los psicofármacos ayudan y son necesarios. En el caso de Antoni, por ejemplo.

Antoni tenía 24 años cuando murió su madre, a la que estaba muy unido. Sus hermanos mayores se encargaron de todo, pues su padre había muerto hacía ya más de 10 años. Él simplemente fue un espectador en el entierro, no le dejaron hacer nada, no le permitieron participar, todos quisieron protegerle. De la noche al día se quedó solo en la casa familiar, una casa enorme llena de recuerdos. Durante el primer mes, Antoni lloraba cada día, lo que a él le parecían muchas horas. Todos le decían que era normal, que ya se le pasaría.

Un día hizo limpieza en la casa y se deshizo de todos los recuerdos. Los que quería conservar los guardó en cajas, y los que no, los tiró o los repartió con la familia. Dejó la casa limpia, como recién comprada. Y durante unas semanas se sintió mejor. Pero poco a poco empezó a dejar de salir. No quería ver a nadie, quería estar solo la mayor parte del tiempo. Sus amigos empezaron a preocuparse. Dejó de ir a trabajar, no tenía ganas de nada. La idea de quitarse del medio cada vez estaba más presente en su cabeza.

Hasta que apareció en consulta. Uno de sus hermanos prácticamente lo arrastró hasta el despacho y empezamos las sesiones. En la primera le recomendé que fuera a ver al psiquiatra, para que pudiera darle alguna medicación que le ayudara a estabilizar un poco su estado de ánimo. En efecto, empezó el tratamiento con psicofármacos y lo combinamos con el tratamiento psicológico.

Cuando su estado de ánimo ya le permitió eliminar esas ideas suicidas y empezar a retomar un poco su vida, empezamos a retirar la medicación y continuamos con la tarea psicológica, para ayudarlo a afrontar el duro proceso del duelo de unos padres que no había podido elaborar hasta el momento.

En este caso, las pastillas fueron de gran ayuda, ya que nos permitieron iniciar el proceso psicoterapéutico que de otra manera hubiera sido imposible. Pero si sólo se le hubieran recetado las pastillas, Antoni, como le había pasado a Maite, hubiera notado quizás una cierta mejoría, pero no hubiera elaborado el proceso que le tocaba, por lo que se hubiera cronificado.

Huye de las “pastillas mágicas”

De verdad, no existen. Ninguna pastilla va a hacer que de repente cambie tu forma de pensar, de sentir ni de actuar. Por supuesto tampoco hará que se solucionen las situaciones complicadas de tu vida que tienen una base psicológica. Una pastilla no puede decidir por ti, no te puede hacer ser más amigo de tus amigos, o querer más a tus padres. Una pastilla por si sola no va a hacer que la relación con tu pareja o tus hijos mejore.

Si tienes dudas, consulta primero con un psicólogo, somos muchos los que defendemos el uso de medicación para casos concretos, pero creemos que es importante valorar antes las situaciones y, si nos podemos ahorrar que tu cuerpo procese unos componentes químicos externos, mejor que mejor.

No tengas reparos en contactar conmigo si necesitas ayuda con algún tema concreto. Como ya he dicho, si considero necesario la derivación a un psiquiatra, la hago y no tengo ningún problema. Pero creo que podríamos dejar de incrementar estadísticas de medicalización. ¿No crees?

[contact-form-7 404 "Not Found"]
By |dimarts, febrer 10, 2015|Categories: Reflexions en veu alta|Tags: , |