Orgasmos. Una obra de teatro.

Obra orgasmos

Orgasmos. Eso ponía en letras grandes en las entradas que me regalaron. “Mira, Sílvia, una obra de teatro que seguro que te gusta, a no ser que quieras desconectar del trabajo en fin de semana…”. Siguieron a esa frase unas risas y un agradecimiento por mi parte, tenía buena pinta, una comedia sobre las diferencias entre los hombres y las mujeres.

Que sí, que esa premisa me tendría que haber hecho sospechar, pero una que es agradecida a la par que, a veces, algo ingenua, se fue feliz con sus entradas al teatro.

Los actores

Reconozco que el morbo de ver a Roger Pera en escena me podía bastante. Había oído mil cosas sobre él, pero nunca lo había visto en directo. Así que ese era un gran reclamo. Y debo decir que me sorprendió bastante en positivo. Una buena capacidad de dominar la escena, y un sorprendente monologuista (mucho mejor cuando tenía los espacios solo que acompañado).

La chica, Cristina Brondo, era una desconocida para mi. Pero debo decir que si bien al principio me pareció algo sobreactuada y forzada, enseguida entendí que formaba parte del papel que le toca hacer.

El guión: orgasmos, pocos

Empieza la obra y aparecen la pareja, ejerciendo como tal, empiezan en una especie de discusión típica y tópica de la que no se bajan en las casi dos horas que dura la representación. A partir de los tópicos más manidos sobre hombres y mujeres se desarrolla una trama nada novedosa y llena del humor más absurdo aprovechándose de las diferencias entre ambos sexos (todo el rato habla de “diferencias entre sexos“, obviamente no habla de “diferencias de género”, que sería más correcto, pero llevaría al espectador a preguntarse demasiadas cosas y a no entender lo básico de la escena).

orgasmos teatro 2

Una imagen de la escena de la “pitón” interpretada por otros actores. Pero para que entendáis el concepto.

La verdad es que, más allá de algunos “toques picantones” al más puro estilo película española clásica (ver aparecer a Roger Pera medio desnudo y acariciando provocativamente una pitón de peluche que lleva alrededor de la cintura fue uno de los momentos más desternillantes para el público), y algunas escenas de cama (por cierto, muy adecuada la escenografía, es lo que más me gustó) en las que no se observa el menor toque sexual, a parte de unos fingidos orgasmos de estilo Hollywood, la obra tiene poco de Orgasmos y mucho de tópicos.

  • El pene del hombre como timón de su vida: sí. Así, tal cual. Una escena que al público le pareció divertidísima es la que representa Roger Pera hablando con su pene, que le da instrucciones para que, literalmente “pase de lo que quiera la chica y se la folle”. Por suerte Roger le hace entrar en razón, no sin quejas por parte del atributo, que va repitiendo constantemente que eso es poco efectivo y que más valdría follársela directamente. Yo no soy hombre, pero si lo fuera, no me haría la menor gracia que se me redujera a un pene con patas…
  • La mujer como una compradora compulsiva y mantenida: escena larga, esta (o se me hizo larga a mi), en la que ella va de compras y vuelve con su par de zapatos número 3 millones. Y él se queja, pero como buen “perrito faldero” que es, no le dice nada, a pesar de que se gasta el sueldo del mes en zapatos “que son incómodos y que no va a llevar nunca”. Una mujer descerebrada que no piensa con la cabeza, sino con la VISA. Tampoco me hace la menor gracia.
  • La mujer como manipuladora, el hombre como pelele: utilizando el argumento de Adán y Eva, ya se presenta a la mujer, desde sus inicios como una manipuladora. Él le dice que no se coma la manzana. Ella le insiste, poniéndole morritos, dejando ver sus encantos, embelesando a Adán y al público masculino (y a algunas féminas, también) con su cuerpo escultural y su contoneo sexy de caderas. Él le dice que no, que si quiere la manzana que la coja ella y a él no le meta en líos. ¿Adivináis cómo acaba la cosa? Ella le cambia la manzana por la promesa de sexo. Tal cual. Él ante esa promesa, como hombre y por lo tanto débil de carne que es, cede. A eso le llamo yo: cobrarse los servicios sexuales. Ahí lo dejo.
  • El tamaño del pene: un pasaje de la obra que me dio especial repelús. “¡El tamaño no importa!” dice ella mientras mira con mirada cómplice a los espectadores y todos se ríen, saliendo del espectáculo con la idea, otra vez, de que el tamaño tiene que estar entre un número y otro para poder satisfacer las nunca satisfechas ganas de la mujer, que lo único que busca es un pene que la sepa hacer feliz (porque ella sola no puede, ella no es dueña de su cuerpo, necesita un hombre que la sepa satisfacer con su gran pene).

Y esto solo son algunos ejemplos de la calidad del guión de la obra de teatro. Tópicos, tópicos, tópicos y más tópicos.

El público

públicoEl público es la estrella del espectáculo. Gente a la que le han dicho: “vamos a ver una comedia” y va con ganas de reírse (como decía Rubianes). Porque si es una comedia, y pago la pasta que valen las entradas, pues voy ya de buen humor y dispuesto a desternillarme a la primera.

Por otro lado, el público mayoritario en la sala eran parejas heterosexuales, de aquellas que llevan toda la vida juntos y que probablemente se sentían identificados en muchos aspectos en los tópicos que les concernían y veían el claro reflejo de sus parejas en los tópicos del otro sexo. Dicho de otra manera, sé que si hubieran ido mis padres y la crítica la escribieran ellos, la cosa sería muy diferente, seguramente se lo hubieran pasado la mar de bien y se hubieran reído muy a gusto.

Probablemente, lo más simple de pensar es que no es una obra de teatro para gente joven y crítica. No es un espectáculo para aquellos que hemos crecido pensando que la definición tradicional de hombre y mujer no es un blanco o negro y que hay toda una serie de matices y tonalidades que nos dan a cada uno las características que nos hacen diferentes.

En conclusión, creo que los únicos que no nos reímos fuimos yo y mi acompañante (aunque a él en alguna ocasión alguna sonrisilla se le escapó, que lo vi de reojo). Debemos ser una especie en peligro de extinción, o yo debo ser la persona más crítica del mundo, no sé. Pero a mi no me hizo ninguna gracia, no me sentí para nada identificada con el prototipo de mujer que vende la obra, ni vi reflejado a ninguno de los hombres con los que he tenido el placer de coincidir.

Orgasmos: que cada uno busque los suyos

Salí de la función con la sensación de que había durado horas y de que no me había llegado absolutamente nada. Seguramente es que, como he dicho ates, soy muy crítica con todo lo que tenga que ver con los roles sociales de hombre y mujer, así como con el tema sexual, detesto cómo se banalizan estos temas, y que no se aproveche un espectáculo con caras conocidas para hacer algo de calidad y que pueda, de paso, hacer que la gente reflexione y elimine prejuicios y tópicos de su cabeza.

En definitiva, que los orgasmos mejor que cada uno se busque los suyos donde quiera, pueda y le dejen, que los orgasmos que cada uno se trabaja son mucho más satisfactorios que los que nos dicen cómo tenemos que comportarnos en función de nuestras características sexuales.

 

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*Esta entrada es una crítica a la obra de teatro, completamente subjetiva y personal.

By |dilluns, març 9, 2015|Categories: Opinió|Tags: |