El dolor en la penetración tiene solución

dolor

En los dos últimos meses me he tenido que enfrentar demasiadas veces a una situación indignante a la par que triste. Ya había trabajado con estos casos anteriormente, pero de repente han llegado 5 casos similares que creo que no deben quedar en las paredes de mi consulta. Porque no me da la gana, porque creo que es mi deber gritar a los cuatro vientos lo que está haciendo daño a demasiadas mujeres.

Porque ellas son cinco. Cinco mujeres que han dado el paso de contactar conmigo, con miedo, con desconfianza, pero también con esperanza. Con la esperanza de encontrar, por fin, solución a algo que les habían dicho que no tenía.

Estas cinco mujeres han tenido una historia similar. Ellas no saben las unas de las otras, pero seguro que les iría bien saber que no han sido las únicas que han sufrido. Son de edades diferentes, de entornos diferentes, con personalidades diferentes, pero las une algo: todas sufren de vaginismo o dispareunia.

Y no sólo eso, las une el hecho de que llevan muchos años sufriéndolo. Y cuando digo muchos años es que la que menos tiempo lleva, lo lleva arrastrando desde hace 15 años. 15 años sintiendo dolor ante algo que debería ser placentero.

En todos los años que llevan conviviendo con esta situación, todas ellas han hecho, por lo menos, una consulta médica (normalmente ginecológica) en la que han explicado la situación. Y ¿sabéis con qué se han encontrado? Con desconocimiento del tema en el mejor de los casos. Con un “no entiendo qué te pasa, no tienes nada mal en la vagina”. Con un “todo eso son tonterías”. En el peor de los casos hasta tres profesionales médicos se han reído de su situación, ridiculizándola y diciéndole que se aguantara. Que ya se le pasaría el dolor.

Imagináos, más 15 años sin entender qué les pasa, más de 15 años sintiéndose “bichos raros”, pensando que “no son mujeres completas”, temiendo la posibilidad de tener una relación sexual por si “él necesitaba penetración” (esto que pongo entre comillas son frases literales que ellas mismas han dicho).

Imagináos más de 15 años oyendo que eso que tienen es “cosa suya”, que “no tiene solución”, que “ya se les pasará”, que lo que pasa es que “nadie les ha excitado como Dios manda” (y sí, las comillas vuelven a ser frases literales). Y cuando les dicen esto, ellas sienten que eso que les pasa es algo con lo que tienen que convivir. Que jamás podrán disfrutar de la penetración. Que les ha tocado, que son raras, que tienen una tara. Que ningún hombre va a querer estar con ellas porque no son mujeres al 100%. Y sí, vuelven a ser frases literales.

Hasta que un día quizá por casualidad, quizá por desesperación, quizá porque hay un cambio en su vida, quizá por lo que sea, de repente se les ocurre que en Internet igual hay algo que explique lo que les pasa. Aquello que nunca le han explicado a nadie, por fin se atreven a teclearlo: “me duele la penetración”.

Y descubren, entre todos los resultados, algunos que empiezan a abrir puertas. De repente se dan cuenta de que no están solas. De que eso que les pasa tiene un nombre y de que muchas mujeres han conseguido superarlo.

Estas mujeres llegan destrozadas psicológicamente a mi consulta. Lloran. Lloran mucho cuando me explican los años de sufrimiento en soledad que llevan. Lloran de rabia, de impotencia… “si yo hubiera sabido esto hace 15 años seguramente ahora sería madre”. Y a mi se me rompe el alma. Y no lloro, pero me enrabio. Me cabreo infinitamente por esta mierda de sociedad que no permite que el sexo sea algo que se pueda enseñar bien enseñado en las aulas. Me enfada el desconocimiento de la sexualidad por parte de los médicos y profesionales de la salud en general*. Me cabrea que el sexo siga siendo un tabú del que avergonzarse, en definitiva.

La parte bonita de todo esto es que sí, que lo que les pasa tiene solución, y aunque no se lo creen del todo, por lo menos hay alguien que las entiende, las escucha y sabe de lo que hablan. Y dentro de mis posibilidades lucho por que empiecen un camino de descubrimiento de ellas mismas. Que empiecen a mirarse más allá de ese dolor, que empiecen a entender el sexo de otra manera. Y, sobretodo, que trabajen con su cuerpo para que ese dolor vaya menguando, para que cada vez tengan más confianza en su vulva y su vagina, para que, poco a poco, puedan acercarse a la penetración sin miedo, sin dolor. Para que disfruten del sexo sin miedo.

Por favor, si tenéis la suerte de que alguna amiga o familiar os explica que está en esta situación, no le quitéis importancia, decidle que tiene solución. Recomendadle que busque ayuda profesional, ya sea conmigo o con cualquier otra/o sexóloga/o profesional que trabaje con estos temas.

Y si has leído este texto y te has sentido identificada, por supuesto, no tengas ninguna duda, ponte en contacto conmigo y hablamos. De verdad, el camino empieza por entender que esto tiene solución. Y la tiene. ¡Muchos ánimos!

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*Conste en acta que defiendo profundamente a la comunidad médica. Sé perfectamente que hay grandes profesionales que no tienen la culpa de que haya algunos otros que tengan la sensibilidad de una caja de zapatos. Lo que critico, en realidad, es que se le de tan poca importancia a la psicología en la carrera de medicina. No me entrará jamás en la cabeza. Así como tampoco entenderé nunca porqué no hay manera de que haya un buen sistema de psicología pública que esté en contacto con los médicos para ayudar en estos casos. En fin.

By |divendres, maig 27, 2016|Categories: Opinió|Tags: |