Kiki (el amor se hace)

Kiki (el amor se hace), es la nueva película de Paco León que por fin he tenido un rato libre para ir a ver. Después de ver a su director (y a la vez protagonista de la peli) haciendo promoción en diversos canales de televisión y, teniendo en cuenta el tema que trata la película, no podía no verla.
Kikis, sólo dos
A pesar del título de la película, dos es el número de «kikis» que se ven a lo largo de todo el film. Por lo menos si nos ajustamos a lo que normalmente entendemos por «kiki»: dos personas teniendo sexo con penetración.
Pero precisamente, esta es una de las primeras conclusiones que uno puede extraer de la película: hay tantos tipos de kikis como personas diferentes. O, dicho de otra manera, podemos llegar al éxtasis sexual sin ser necesaria la penetración.
Y es que, creo que Paco León ha querido centrar la idea de su película más en la segunda parte del título que en la primera. «El amor se hace», se construye, podríamos decir, y sobre eso trabaja el director, sobre la comunicación en pareja, sobre las luces y las sombras que el sexo arroja sobre la pareja y que puede hacer que crezca o que se destruya.
(Para)filias sexuales
Alrededor de cinco filias sexuales se teje toda la trama de la película.
- Dacrifilia: excitación sexual producida por el llanto o las lágrimas.
- Harpaxofilia: excitación sexual al ser robado o atracado
- Elefilia: excitación sexual ante determinados tejidos
- Somnofilia: excitación sexual al ver a alguien dormido
- Dendrofilia: excitación sexual producida por las plantas y/o árboles

Es interesante ver cómo una persona con este tipo de conductas sexuales se las arregla para poder llegar a excitarse, llegando incluso a los límites de la legalidad en algunos casos o de lo moralmente aceptable en otros.
Si bien es cierto que la película no tiene intención de ser un documental, a mi me faltaría ver la cara no «fílica» de la sexualidad de los protagonistas, es decir, muchas de las personas que sufren una de estas filias (o cualquier otra) son perfectamente capaces de excitarse con una relación sexual «normal» (nótense las comillas) además de con el objeto de su filia. En la película esto únicamente se ve en Natalia, que al principio sale manteniendo una relación sexual «normal» (vuélvanse a notar las comillas) con Alejandro.
Otra de las críticas que podría hacer, a nivel profesional, sobre el tema de las filias es la «falta de control» de la que adolecen la mayoría de los personajes que las sufren. En realidad, la mayoría de las personas que tienen una filia son perfectamente capaces de controlar sus impulsos sexuales frente a su objeto de deseo, vamos, igual que las personas que no tienen ninguna filia no van teniendo orgasmos por el mundo sólo con ver a una persona atractiva. Pero entiendo que da juego, como digo, está claro que no es un documental y que busca entretener, cosa que hace la mar de bien.
En todo caso, es fantástica la manera que tiene Paco León de ir enredando las vidas de los personajes para que acaben frente a frente con aquello que más les excita, que a la vez es lo que más les avergüenza.
La comunicación en la pareja: la clave
Como decía, para mi esta es la cuestión clave de la película. Cómo las parejas comunican a nivel sexual y qué implicaciones tiene eso. Y de las cinco parejas cada una lo trabaja de una forma diferente, aunque tienen algo en común: para ninguna es fácil hablar abiertamente de sus necesidades sexuales.
Por supuesto, si desde el principio las cinco parejas hablaran claramente de sus necesidades sexuales, no habría película, así que a lo largo de todo el film lo que se puede ver es cómo se las ingenian unos y otros para conseguir el tan ansiado kiki (u orgasmo, en determinados casos).

De hecho, Paco y Ana incluso acuden a un terapeuta de pareja para ayudarlos con su relación. Un terapeuta poco ortodoxo, a mi modo de ver, que pone encima de la mesa cuestiones que, como bien le indica Ana en una escena, pertenecen más al ámbito de la terapia individual que la de pareja. Por cierto, buen guiño a la relación entre los argentinos y la psicoterapia (aunque llena de prejuicios, muy divertida). En todo caso, hacia el final de la película Ana y Paco dan a entender que han seguido con las visitas terapéuticas y por tal y como abordan la situación sexual que tienen entre manos, parece que no les ha ido nada mal… ¡Normalizando la terapia de pareja!
El único caso que queda un poco en el aire es el de Candela y Luis, que finalizan la película sin hablar de la situación que les ha llevado donde están y que te deja con la inquietud de qué será de esa pareja de ahora en adelante.
Kiki: las sombras de la película
Decía un poco más arriba que hay algunas prácticas que aparecen en la película que rozan lo ilegal o lo moralmente aceptable. Y es que, a pesar de la maestría con la que Paco nos expone la situación especial de Luis (el cirujano plástico) y Mari Paz, no deja de entrar en conflicto con un tema tan delicado como son los abusos sexuales.
Creo que en este punto la película patina un poco, llegando a «normalizar» y a hacer partícipe al espectador de una situación que, la mires como la mires, es una situación de abuso sexual, aunque sea «por amor», aunque finalmente a ella «parezca no importarle» (punto muy débil, a mi entender, de la historia de Luis y MariPaz, la resolución del conflicto).
Otra de las sombras de Kiki es la manipulación de Candela, que roza claramente los límites del maltrato psicológico para conseguir su cometido, excitarse. En varias ocasiones a los espectadores se nos escapó un «qué hija de puta», ya que realmente lleva al límite su persecución del orgasmo.
Kiki: el preludio de algo
En todo caso, me gustaría pensar que Kiki será el preludio de algo. Algo importante con respecto al cine y al sexo. Y con respecto a nuestra sexualidad, a nivel social.
Si bien es cierto que no es la primera película que se hace sobre el tema, quizá sí que es la primera que es tan mediática y que, por lo tanto, será vista por mucha más gente. Y de todas las edades y condiciones.
Esto hace que el sexo «diferente» llegue a más gente, gente que quizá lo estaba viviendo en silencio (como las hemorroides, que ya me diréis, la tontería de esconder que tienes hemorroides) y que después de ver esta película se sienta menos «rara», más acompañada, más comprendida.
Me gustaría que Paco León hiciera Kiki 2, y Kiki 3, y que no parara hasta explorar todas las posibilidades que nos ofrecen las relaciones sexuales, mucho más allá del coito, mucho más allá del sexo en la cama, mucho más allá del sexo entre dos personas. Ojalá.